‘La fuerza espiritual de mujeres’
Alocución con ocasión de la apertura del nuevo centro del Grial en Utrecht
El 2 de septiembre de 2006
Señoras y señores, queridas mujeres del Grial, amigos y amigas del movimiento Grial,
¡Qué preciosidad de casa es ésta! Verdaderamente me siento muy honrada de tener el privilegio de abrirla oficialmente. ¿Por qué yo?, me preguntaba al recibir la invitación. No tengo lazos estrechos con el movimiento del Grial, ni soy miembro o participante del mismo. Sin embargo Ine van Emmerik opinaba: eso no hace falta, lo que nos une es el tema de este día – la fuerza espiritual de mujeres. De eso se trata.
La fuerza espiritual de mujeres – este tema efectivamente evocó enseguida recuerdos de mi primer encuentro con el movimiento del Grial en febrero de 2001. Acababa de hacer el doctorado sobre una investigación de Jesús visto desde la perspectiva de mujeres de diferentes culturas, cuando fui invitada a dar un curso de dos días sobre este tema en De Tiltenberg, el “centro de formación” del movimiento Grial en Vogelenzang. No conocía el movimiento del Grial. Sólo sabía que De Tiltenberg era un centro de reflexión y meditación, donde tenían lugar celebraciones de mujeres y sobre todo también meditación zen. Cuando me invitaron enseguida me dijeron: seguramente acudirá un grupo pequeño a este programa, pues el público de Tiltenberg no se interesa mucho por este tipo de temas dogmáticos. Efectivamente se habían inscrito como mucho diez mujeres, entre ellas varias mujeres del Grial: mujeres valerosas, muy interesadas en nuevas investigaciones científicas acerca de cómo mujeres de diferentes culturas pensaban sobre Jesús y cómo expresaban sus comprensiones de salvación y liberación. Pues de esto se trataba al fin y al cabo. Fueron dos días muy interesantes, en que intercambiamos muchos conocimientos y experiencias en un ambiente muy agradable y acogedor. Había cantidad de pequeños detalles que hacían sentirte enseguida a gusto y un poco como en casa en el Tiltenberg. Por ejemplo, al llegar, el pequeño ramo de flores en mi habitación; los tapices en las paredes, la agradable capilla, donde el Buda estaba colocado delante del altar, así como los rincones para sentarse, donde era posible retirarse un rato para sumirse en uno de los libros de la amplia biblioteca. Todo había sido elegido con delicadeza. La casa entera respiraba el aire de la fuerza espiritual de mujeres, sabiduría de mujeres, una espiritualidad en que compromiso y contemplación iban de la mano.
También en el curso que di en esta ocasión se trataba de la sabiduría de mujeres, de su lucha por el cambio, en la cual su fe jugaba un papel importante. Hablé de las mujeres de Ghana que, desde su contexto africano, cuentan historias de figuras salvadoras femeninas, como por ejemplo Eku, la matriarca, que atravesó con su pueblo un desierto. El pueblo estaba sediento y fueron en busca de agua. Cuando por fin encontraron un lugar donde había agua, Eku y su perro fueron los primeros que bebieron del agua, ya que podía haber sido envenenada por los enemigos. Eku estaba dispuesta a morir por su pueblo y por tal motivo, a los ojos de mujeres africanas, es una imagen de Cristo.
Mujeres cristianas de Asia presentaron otras imágenes y lo que a sus ojos salva y libera. Así por ejemplo, asocian la acción del Espíritu Santo con la diosa de la sabiduría y de la acogida, Kwan In. Kwan In es un bodisatva, un ser iluminado. Podría entrar sin más en el nirvana, pero por voluntad propia ella permanece en la Tierra por compasión con todos los seres que sufren. Su finalidad es llevar a la iluminación. Su sabiduría cura y da fuerza a todos los seres vivientes para nadar a la orilla del nirvana. Espera a que el cosmos entero, seres humanos, pájaros, árboles, aire y agua, lleguen a la iluminación para vivir entonces juntos en el nirvana, en sabiduría y acogida eternas. Pero también mujeres chamanes, que expulsan los demonios y curan a los enfermos como hacía Jesús, son consideradas por mujeres asiáticas figuras femeninas de Cristo.
Hablamos así mismo de mujeres negras norteamericanas, las llamadas teólogas womanistas, que ofrecen resistencia a la discriminación debida a su color de piel, por el hecho de ser mujer y por su miserable situación económica. Hablamos de cómo sacan fuerzas de su fe cristiana para superar la humillante situación en que se encuentran, por ejemplo, interpretan desde su propia situación el relato bíblico de Hagar, la esclava egipcia de Sara, que, ocupando el lugar de Sara que no había dado a luz hijos, le dio a Abrahán un hijo, Ismael. Hagar es la primera mujer bíblica que intenta liberarse de la esclavitud huyendo con su hijo al desierto, lejos de Sara que la humilla, lejos de la esclavitud. En el desierto, en el momento en que corren peligro de morir de sed, Dios aparece a Sara, le abre los ojos para que pueda descubrir el manantial que la mantiene en vida junto con su hijo. Sin embargo, Dios no la libera, no la devuelve a su propio país, a Egipto, sino que la manda volver con Sara y Abrahán – aunque sí con la promesa de hacer surgir un gran pueblo de Ismael.
La imagen bíblica del desierto, donde permaneció Hagar, para las teólogas negras es una metáfora de las condiciones indignas en que hombres y mujeres negras tenían y todavía tienen que vivir. Pero igual que Hagar, desarrollaron una “inteligencia de sobrevivencia” y una visión, que supo transformar las fuerzas opresoras en una espiritualidad positiva. También aquí está obrando la fuerza del Espíritu, la fuerza espiritual de mujeres inspiradas por el Espíritu de Dios que crea la posibilidad imposible, para encontrar un way out of no-way, una salida donde no hay salida. Es un relato donde no ocurre la gran liberación, pero en el que Hagar y con ella otras mujeres negras, se ven fortalecidas en su capacidad de resistencia para atravesar el tiempo de opresión y para tener una visón nueva que les permite el acceso a fuentes de supervivencia nuevas e inesperadas. Dios en este caso no es el salvador heroico sino, como ellas lo expresan, el “sustainer”, el que sostiene, que permite experimentar a las mujeres negras la presencia de Dios en sus vidas, la fuerza que las sostiene y mantiene en vida, antes y ahora.
Este relato de Hagar y la interpretación que le dan mujeres negras siempre me ha parecido muy especial. Es un buen ejemplo de cómo relatos de la tradición cristiana pueden ser inspiración para la vida cotidiana y orientarla, ejemplo de cómo la fuerza del Espíritu de Dios y la fuerza espiritual de mujeres pueden entrelazarse. Y cómo de ahí puede resultar en la vida cotidiana una sabiduría, que vuelve a encarrilar, que exige compromiso a la vez que anima a entregarse. Una espiritualidad de la vida, que lleva a defender al oprimido, pero que a la vez hace tomar conciencia de que la vida no se puede manipular.
Esta espiritualidad, esta fuerza espiritual de mujeres con la que me encontré en mi investigación cristológica, creo percibirla igualmente en el pequeño libro “Gevaarlijk modern. Levende geschiedenis van vrouwen in de Graalbeweging” (Peligrosamente moderno. Historia viva de mujeres en el movimiento del Grial), en que se recogen entrevistas con mujeres del Grial de la primera generación. Evidentemente, los contextos son muy diferentes y sabemos todas que no existe un “nosotras” las mujeres, sin embargo, aparte de las diferencias también se aprecian sorprendentes coincidencias.
No sé si todo el mundo hoy aquí presente conoce la historia del movimiento Grial. Para mí era nueva y me resultó muy fascinante.
Hubo una vez un jesuita, lingüista, catedrático de la universidad de Nimega, Jacques van Ginneken. Era de la opinión que los problemas que se habían presentado al principio del siglo XX con la industrialización y la concentración en ciudades, sólo podían resolverse por medio de talentos especiales de la mujer. Estos talentos, según él, eran: capacidad de entrega, perseverancia y tenacidad. Buscaba, como escribe Marjet Derks en su bello artículo Verhalen van vroeger voor later (‘relatos de antes para después’) sobre la historia del movimiento Grial, “...mujeres valerosas, de sensibilidad religiosa, que quisieran traducir su inspiración en acción, colaborando en la conversión del mundo y en la preservación del cristianismo” (Derks, p.6). Encontró este tipo de mujeres entre sus estudiantes, tales como Mia van der Kallen, Lydwine van Kersbergen y Liesbeth Allard. A partir de 1921 se empezó a reunir un pequeño grupo de mujeres, que se llamaba ‘Sociedad de mujeres de Nazareth’. Querían vivir una vida religiosa fuera de los muros conventuales y trabajar en el mundo. Van Ginneken encontraba que la Iglesia encerraba a las mujeres, con lo cual no podían desarrollar sus verdaderas capacidades. Al final el obispo de Haarlem se convenció, y sobre la base de un estatuto seglar se fundaron en 1928 las “Mujeres de Nazareth” así como, más tarde, el movimiento del Grial.
Se trataba de un movimiento de espiritualidad orientada hacia la acción, que se desarrollaba en el ‘centro de formación’ De Tiltenberg, levantado en 1931. Eran grandes ideales los que movían a estas mujeres; como ya se ha dicho se traba de la conversión del mundo; en los atractivos relatos de las mujeres del Grial de la primera generación continuamente resaltan dos lemas: “El mundo ha de convertirse y triunfará Dios” y “Señor, haz surgir de nosotras aquello para lo que nos has hecho”. El motor tras todo ello era, en la línea de Van Ginneken, el Espíritu del cristianismo primitivo, del catolicismo original, que se quería llevar a la sociedad. Como decía Mia van Kallen: “El espíritu, eso es de lo que se trata, el espíritu que vivifica” (Derks, p.8 y 9).Y este espíritu ha animado el movimiento Grial, especialmente en su primera época: se organizaban reuniones masales, en que participaban de 8.000 a 10.000 personas. El Grial creció y se convirtió en un movimiento internacional. Con todos los reveses, ambivalencias y decepciones inherentes.
Sin embargo, a pesar de los grandes ideales, durante la lectura, no tuve la impresión que la espiritualidad del Grial fuera un idealismo etéreo. Más bien era lo que hoy día quizás se llamaría ‘empoderamiento’. Se propone sacar a flote lo propio de las mujeres, activar y emplear su fuerza y creatividad, orientada hacia la acción, hacia la emancipación práctica de las mujeres. Se tomaban en serio los signos de los tiempos, lo cual hizo que el Grial estuviera de hecho siempre en movimiento. Siempre dispuestas a cambiar, una y otra vez, por mucho que costara en ocasiones.
De ser un movimiento juvenil estrictamente católico, el Grial evolucionó hacia un movimiento ecuménico, en que a las mujeres se les ofrecía la oportunidad de desarrollar sus propios talentos, de forma individual y comunitaria. Teniendo por finalidad una transformación de la sociedad.
Con el tiempo no sólo mujeres cristianas se fueron uniendo a él. También encontraron un espacio de acogida otras religiones, como el budismo, sobre todo por la práctica del zen, sin por ello renegar de la riqueza de la propia tradición. El lema parece ser “sé fiel a lo bueno en tu propia tradición” y “estáte abierta a lo nuevo en otras tradiciones religiosas”. Una actitud muy de vanguardia, sobre todo teniendo en cuenta el gran miedo, existente en el ámbito eclesial tradicional, a la mezcla de diferentes religiones. Quizás aún recuerden la presentación de Chung Hyun Kyung en la Asamblea del Consejo Mundial de las Iglesias de 1961 en Canberra. Ella presentó una exhibición, en la que invocaba a los espíritus de quienes habían sufrido violencia a lo largo de la historia. Invocó al espíritu de Hagar, de Uria, la hija de Jefta, de Juana de Arco y de tantas otras que han sido víctimas del colonialismo, fascismo, racismo y sexismo; así como de personas que han tenido que pagar con su vida la lucha por la libertad de su pueblo, como Mahatma Gandhi, Steve Biko, Oscar Romero y los estudiantes en la plaza de la Paz Celestial de Pekín. Invocó al espíritu de la Tierra expoliada, del aire contaminado. Su larga lista terminó con la invocación del espíritu de Jesús: “Ven, espíritu del Salvador, nuestro hermano Jesús, que fue torturado y muerto en cruz.”
Chung explicó que en Corea se cree que las personas que han sufrido una muerte injusta se han convertido en espíritus han. En consecuencia, la responsabilidad de los vivos consiste en escuchar a los espíritus han y reparar la injusticia que esas personas tuvieron que sufrir. Estos espíritus han, según ella, son iconos del Espíritu Santo y cumplen con la función de hacer sonar la voz del Espíritu Santo. De esta manera muestran el camino que aleja de los poderes de la muerte, de los ideales del progreso, de la obsesión de poseer, del odio y de la discordia. Muestran el camino hacia la salvación de la creación y el modo de custodiar la vida. Autoridades cristianas y teólogos occidentales reaccionaron indignados considerando que eso era sincretismo, una mezcla ilícita de religiones. En este punto es de notar que el movimiento del Grial siempre ha estado al margen de los cuadros eclesiales anquilosados, pudiendo llegar a ser, de esta manera, un movimiento ecuménico con mucha influencia budista zen. Trees van Voorst tot Voorst, nacida en 1921, una de las mujeres del Grial entrevistadas en el pequeño libro Gevaarlijk modern, dice al respecto: “En cuanto a mí, encuentro que como cristiana se puede practicar perfectamente zen, prestando atención a la profundización, al silenciamiento, sin que por ello te tengas que convertir en budista. Encuentro que es un enriquecimiento y me alegro de que siempre hemos estado abiertas a nuevas influencias.” Y a la pregunta de la entrevistadora de si todavía sigue buscando, dice: “Eso es parte de mi vida, es el Grial, la búsqueda. Nunca lo sé... Por ejemplo, mi imagen de Dios, ésa cambia constantemente, para mí no es algo estático. Una y otra vez encuentro inspiración en otras personas, en encuentros. Siempre de nuevo el ‘espíritu’.”
Y este espíritu del Grial, -en el que, al igual que en las teólogas womanistas, el Espíritu de Dios y la fuerza espiritual de mujeres se entrelazan-, en todos esos años ha conseguido una y otra vez, cuando surgían dificultades, encontrar un way out of no-way, una salida donde no hay salida. Y ahora que habéis tenido que despediros del Tiltenberg, el movimiento del Grial sigue en este nuevo edificio en el corazón de Utrecht, y en la página web ya vi que el programa de otoño está lleno de actividades atractivas, de las que esta tarde ya podrán gustar una prueba.
La fuerza espiritual de mujeres en el sentido bíblico, la ruach femenina, cuyo aliento abre, me resulta inseparable de la imagen de la mujer Sofía, personificación de la sabiduría de Dios. Los exégetas están de acuerdo en que la tradición sapiencial jugó un papel importante entre los primeros cristianos. Sofía es una figura dinámica. En Proverbios se la describe como con-creadora junto a Dios; en el libro Sabiduría aparece como parte del permanente proceso creador; en Proverbios es una maestra o predicadora segura de sí, a menudo airada; en Eclesiástico es una divinidad de árbol que ofrece cobijo y alimento. Es amante, novia, esposa, hermana, madre del discípulo de la sabiduría, y es también la amada de Dios que comparte con él su trono. En Proverbios 9, versos 1-6 invita como anfitriona a su casa. Un texto que me parece muy a propósito para hoy:
La Sabiduría ha edificado su casa,
ha tallado sus siete columnas,
ha hecho su matanza, ha mezclado su vino,
hasta ha preparado su mesa
y ha mandado a sus criadas a proclamar
en los promontorios de la ciudad:
“Quien sea inexperto, que venga aquí.”
Y a los insensatos les dice:
“Venid a compartir mi comida
y a beber el vino que he mezclado.
Dejaos de simplezas y viviréis,
y seguid el camino de la inteligencia.”
Con el deseo de que en esta casa confluyan mucha fuerza espiritual y sabiduría de mujeres, declaro oficialmente abierto este edificio.
Manuela Kalsky
(traducido por Ana María Schlüter con el amable permiso de la autora y del Grial)
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